
Que le puedo regalar...- Constantemente me preguntaba eso quería regalare a mi esposa algo realmente especial, pero no sabia que.
Pero ella estaba feliz ahora y no quería nada. A menudo conversábamos sobre aquello y siempre me contestaba lo mismo. Le preguntaba a Esme que quería y ella reía nerviosamente y me decía que nada, que ella ahora era muy feliz a su lado.
Y todo esto era cierto Esme no quería nada, pero yo me empeñaba en que tenía que regalarle algo especial. Edward jamás entendió eso. Me decía que ella era feliz, ¿Para qué regalarle algo?
El día que me decidí a comprar le regalo Edward fue el primero en saberlo me fue a buscar al despacho para pedirme prestados unos libros, eran su primeros días en el Instituto de Alaska y en el momento que entro al despacho tenía una cara de sorprendido y dijo en voz muy fuerte.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡LE COMPRASTE UNA ISLA!!!!!
-Shhhhhhhhh Esme te puede oír, no quiero que sepa aun de su regalo.
-Pero Carlisle, le compraste una Isla, ¿como le compraste una Isla?, Espera ¿venden Islas en Internet?
-Edward tienes que prometerme que no le dirás nada a Esme…ella no tiene que saberlo hasta que yo se lo diga.
-Está bien sabes que no diré nada. Ella lo sabrá por ti. Pero estas seguro de que una Isla no es demasiado. Porque es decir….Es una ISLA.
-No, no es cualquier Isla, ¡es ISLA ESME! -Le dije muy orgulloso.
-De acuerdo Isla Esme, pero aun sigue siendo una Isla…estas seguro de que ella…
-Esme es detallista creo que le gustara su regalo…además no tienes ni la más mínima idea de lo que sufrí para encontrar un regalo.
-Créeme que sí. Bueno espero que le guste.- Dijo Edward tomando los libros y saliendo del despacho.
Quería darle a Esme su regalo hoy mismo, estábamos sentados en la sala, Edward leía unos libros de medicina, yo hojeaba otro realmente distraído y Esme veía una revista de decoración de interiores.
-Esme…
-¿Si? Que pasa cariño.
-Ah…nada...nada.
-A…bueno.
-Esme ¿qué es lo más lindo que alguna vez alguien te ha regalado?- le pregunte demasiado nervioso.
Edward nos veía los dos seguramente leía en eso momentos los pensamientos de ambos.
-Y ¿bien?...- pregunto Carlisle.- ¿Que es lo más bonito que te han regalado?...- Repetí nervioso.
-A…bueno la verdad es que nunca me han regalado otra cosa que no sea flores.
-Solo te han regalado ¿flores?
-Pues si…- murmuro Esme algo distraída pero mirándome dulcemente a los ojos.
-Ay no… Carlisle no me digas… que me has…comprado algo…- murmuro Esme asustada.
-Pues yo…
-¿Qué es?… ¿un brazalete?… ¿Flores?…no creo que sean dulces…no tendría sentido.- Esme estaba emocionada, parecía que después de todo si había querido un regalo.
-No creo que puedas adivinar…-Apenas se escucho el susurro que emitió mi hijo.
-Ay Edward ni que fuera una Isla.- Respondió ella
-Edward simplemente abrió muy grandes los ojos.
-Carlisle…tu…me has…comprado…¿¿¿¿una Isla????- pregunto Esme algo emocionada y asustada.
-Pues yo…mmm… este…considéralo mi regalo de Bodas.
-Es enserio…no estás jugando… me has comprado una Isla?- dijo Esme demasiado feliz.
-Sí, mi amor, pero no es cualquier Isla , es tu Isla, se llama Isla Esme. Y saldremos mañana en la mañana en un viaje hacia allí, para que puedas conocerla.
-Carlisle es lo más lindo que me han regalado.- dijo Esme mientras yo le sonreía.
-Edward te podrías hacer cargo de la casa por un tiempo, Esme y yo iremos de viaje.- le dije.
-Claro, yo me quedare aquí. Ustedes no se preocupen.
-Gracias Edward.- dijo Esme.
Anhelaba tanto que llegara mañana para partir con mi esposa a ese paraíso...
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